Iguazú: la garganta del diablo se cierra por el super niño

Las Cataratas del Iguazú, uno de los destinos más impresionantes del planeta, se enfrentan a una crisis hídrica sin precedentes. La Administración de Parques Nacionales ha anunciado el cierre preventivo de la pasarela de la Garganta del Diablo, el corazón palpitante de este espectáculo natural, a partir del 3 de agosto, ante la amenaza de crecidas históricas.

Un fenómeno climático que desafía la infraestructura

La decisión, anunciada con anticipación, responde a las alarmantes proyecciones meteorológicas que anticipan la llegada del Super Niño, un fenómeno climático que podría superar incluso los eventos extremos anteriores. Las intensas lluvias que azotan el sur de Brasil están provocando un aumento vertiginoso del caudal del río Iguazú, que ya ha llegado a registrar unos alarmantes 10 millones de litros de agua por segundo –siete veces su promedio habitual–. Una cifra que pone en jaque la integridad de la infraestructura turística y, lo que es más importante, la seguridad de los visitantes.

Iguazú Argentina S.A., la empresa concesionaria, ya ha puesto en marcha un protocolo específico para desmontar y resguardar las pasarelas del circuito, una labor que demandará al menos 40 días de trabajo. La prioridad, según las autoridades del parque, es “armar la pasarela únicamente cuando sea seguro hacerlo”. No quieren correr el riesgo de iniciar los trabajos y verse obligados a paralizarlos pocos días después, un escenario que generaría aún mayores inconvenientes.

La sombra del super niño se cierne sobre sudamérica

La sombra del super niño se cierne sobre sudamérica

Pero la situación en Iguazú es solo la punta del iceberg. El meteorólogo Marcelo Madelón ha advertido que el Super Niño podría traer “lluvias mucho más intensas de lo habitual, con riesgo de inundaciones en vastas regiones” de Sudamérica. Las aguas más cálidas de lo registrado en eventos anteriores amenazan con agravar la situación, y su impacto podría sentirse con fuerza durante la primavera y el verano de 2026 y 2027. Los ríos Uruguay y Paraná también se encuentran bajo la atenta mirada de las autoridades, que temen que la situación se complique aún más.

La falta de infraestructura adecuada para afrontar estos excesos hídricos es otro motivo de preocupación. La tragedia ocurrida el martes pasado en el lado brasileño de las Cataratas, donde un joven de 26 años murió ahogado tras el vuelco de un barco turístico, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los turistas y la necesidad de reforzar las medidas de seguridad.

A pesar del cierre de la Garganta del Diablo, el resto de los circuitos del Parque Nacional Iguazú permanecen abiertos, permitiendo a los visitantes disfrutar de los 274 saltos que componen esta maravilla natural. Sin embargo, las autoridades insisten en la importancia de seguir de cerca los avisos meteorológicos y respetar las restricciones de acceso, mientras se monitorea en tiempo real la evolución del río y se preparan nuevas medidas de resguardo. La naturaleza, en su fuerza implacable, nos recuerda que la prevención es la mejor herramienta para proteger tanto a los visitantes como a este invaluable patrimonio natural.

Un aviso para el futuro

Un aviso para el futuro

La situación en Iguazú no es un mero incidente aislado, sino una advertencia sobre los desafíos que nos depara el cambio climático. La magnitud de las crecidas y la inminente llegada del Super Niño exigen una reflexión profunda sobre la necesidad de invertir en infraestructuras resilientes y de adoptar medidas de adaptación que permitan mitigar los impactos de estos fenómenos extremos. El futuro de Iguazú, y de muchos otros ecosistemas vulnerables, depende de ello.