Madrid se refugia bajo toldos: ¿el fin de las calles ardientes?
El sofoco se adelanta en España, y con él, una respuesta milenaria que resurge con fuerza: el entoldado de calles. Mientras el termómetro escala a niveles inusuales para mayo, ciudades y pueblos recurren a esta práctica ancestral para combatir el calor, demostrando que la sabiduría popular a veces supera a la tecnología más puntera.
Un respiro para edificios y ciudadanos
No se trata solo de dar sombra a los transeúntes, sino de proteger los propios edificios. Como explica la arquitecta Ester Higueras, catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid, “una pared de ladrillo es una estufa que acumula todo el calor del día y, lo peor, lo irradia por la noche”. El entoldado, por tanto, actúa como un escudo, impidiendo que ese calor acumulado invada los hogares y las calles, permitiendo un descanso nocturno más reparador.
La combinación de calor y contaminación en las grandes urbes, según Higueras, constituye una “bomba” que agrava problemas de salud como la alteración del sueño, la irritabilidad e incluso aumenta el riesgo de infartos. Un argumento contundente para apostar por soluciones que mitiguen este problema.

La naturaleza, la mejor aliada
Si bien el entoldado es una solución eficaz, los expertos coinciden en que la mejor opción para refrescar las ciudades es apostar por la vegetación. Higueras destaca el poder de los árboles, que además de proporcionar sombra, “evapotranspiran, aportan oxígeno, capturan CO2, ayudan a la salud mental y el bienestar de las personas”. En espacios más reducidos, las plantas trepadoras y las pérgolas vegetales son alternativas igualmente interesantes.
Pero cuando la falta de espacio limita estas opciones, el entoldado se presenta como una solución viable y adaptable. La clave, según la experta, reside en elegir toldos de color claro con huecos que permitan la salida del aire caliente y, si es posible, humedecerlos para potenciar su efecto refrescante. Además, es fundamental proteger las ventanas con sistemas solares para maximizar el confort interior.
Medina del campo: un entoldado con sabor gótico
La práctica del entoldado no es nueva en España, pero la iniciativa de Medina del Campo (Valladolid) ha llamado la atención por su originalidad. Con una inversión de 264.869 euros, el ayuntamiento ha instalado doce módulos desmontables en su Plaza Mayor, creando una “cubierta geométrica que pretende interpretar el goticismo” predominante en la Colegiata local. La lona beige, integrada en el entorno, y la cimentación bajo adoquinado, garantizan un impacto visual mínimo cuando la estructura se desmonte.
Una tradición romana renace
La historia del entoldado se remonta a la antigua Roma, donde el velarium del Coliseo proporcionaba sombra a las gradas del anfiteatro. Hoy, siglos después, esta práctica resurge como una solución inteligente y sostenible para combatir el calor urbano, demostrando que las soluciones más sencillas a menudo son las más efectivas. Mientras las temperaturas siguen en aumento, las calles entoldadas de España se convierten en un oasis de frescor y una lección de ingenio ancestral.