Ortega elimina las elecciones: república dominicana denuncia el golpe a la democracia nicaragüense

El rugido de la revolución sandinista se apagó este fin de semana con un anuncio que ha sacudido los cimientos de la democracia en América Latina: Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, ha declarado que las elecciones, tal como las conocemos, han llegado a su fin. Una declaración que ha provocado la inmediata condena de República Dominicana, quien denuncia un ataque frontal a los principios democráticos y al derecho del pueblo nicaragüense a elegir a sus gobernantes.

La reacción de santo domingo: una defensa firme de la carta democrática

Desde Santo Domingo, la Cancillería dominicana ha expresado su rechazo contundente a la decisión de Ortega, calificándola de “desconocimiento de los principios de la democracia representativa”. El comunicado oficial, difundido este miércoles, no escatima en críticas: “los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”, citando directamente el artículo 1 de la Carta Democrática Interamericana. El gobierno dominicano insiste en que privar a un pueblo de su derecho al voto es inadmisible y exige una rectificación inmediata de la postura nicaragüense.

El golpe de efecto de Ortega llegó durante una concentración conmemorativa de la revolución sandinista, donde el mandatario justificó su decisión alegando que la oposición busca “lucrarse de las políticas sociales de la nación”. Una excusa que, a juicio de observadores internacionales, sirve para perpetuarse en el poder sin rendir cuentas a la ciudadanía.

Costa rica se une a la condena: preocupación por la represión

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La condena no se ha limitado a República Dominicana. Costa Rica también ha alzado su voz, expresando su “preocupación por el cierre sistemático de los espacios cívicos y la persecución contra las voces disidentes”. San José, que ya había manifestado su desacuerdo con las elecciones de 2021, reitera su compromiso con unas elecciones libres, democráticas, transparentes y plurales en Nicaragua, garantías que, según afirma, no existen en la actualidad.

La respuesta de Managua no tardó en llegar, a través de un escrito oficial cargado de retórica soberanista: “Soberanía en mi tierra se escribe con letras grandes”. El régimen nicaragüense acusa a sus vecinos de injerencia en asuntos internos y se aferra al principio de no intervención, citando la frase: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Una ironía, considerando la supresión de derechos que ha anunciado.

La situación en Nicaragua se agrava, y la condena internacional, aunque firme, aún no ha logrado convencer a Ortega de reconsiderar su postura. El futuro de la democracia nicaragüense pende de un hilo, mientras la región observa con creciente preocupación cómo se erosionan los pilares fundamentales del Estado de derecho. La desobediencia al pacto democrático americano, plasmado en la Carta Democrática Interamericana, es una herida que amenaza con sangrar a toda la región, poniendo en entredicho los cimientos de la estabilidad política en América Latina.