Subsidios y desencanto: la dura realidad de la tercera edad en colombia

En medio de la polarización política que precede a la segunda vuelta presidencial, una historia compartida por el caricaturista Matador en su cuenta de X ha encendido el debate sobre la efectividad de los programas de apoyo estatal para la población adulta mayor en Colombia. Lejos de ser una simple anécdota, el relato expone una realidad compleja: la mejora económica no siempre se traduce en un cambio de voto o, incluso, en una percepción de seguridad a largo plazo.

Un zapatero, una pensión y la fidelidad a un voto

Un zapatero, una pensión y la fidelidad a un voto

La historia, contada con la agilidad y el humor característicos de Matador, gira en torno a un vecino de su madre, un hombre de 70 años que tras una vida dedicada al oficio de zapatero, se encuentra ahora viviendo en una habitación alquilada. Su sustento proviene de las remesas enviadas por su única hija, residente en Estados Unidos, y del subsidio estatal, que ha experimentado un incremento considerable en los últimos años. Pasó de unos modestos 80.000 pesos durante la pandemia a 230.000 pesos bajo el actual gobierno.

Lo paradójico, según relata Matador, es la actitud del hombre. A pesar de recibir esta ayuda, el anciano se aferra a su rechazo hacia Gustavo Petro, el actual presidente, expresándolo con frases como “Voy por el tigre…”, en referencia a su candidato preferido, y descalificando a su oponente como “un amigo de Petro, un guerrillero”. La desconexión entre la mejora de las condiciones de vida y las convicciones políticas es palpable.

El aislamiento y la fragilidad económica han profundizado la dependencia de estos apoyos. Matador recuerda cómo, durante la pandemia, llegó a cobrar al anciano 80.000 pesos, una cifra que refleja la precaria situación de muchos adultos mayores sin pensión en Colombia. Pero la ayuda, por mínima que sea, no parece suficiente para cambiar las ideas preconcebidas.

La anécdota, más allá de la crítica a la polarización política, plantea una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto los programas sociales logran realmente transformar la vida de las personas? ¿Son suficientes para superar prejuicios y desconfianzas arraigadas? El caso del zapatero, con su apego a un voto, es un espejo de la complejidad de la realidad colombiana, donde la pobreza y la ideología a menudo se entrelazan de manera inextricable.

Matador no se anda con rodeos al denunciar la ironía: “Van a votar por Abelardo, que Abelardo sí los va a poner a comer mierda.” Una frase dura, sí, pero que refleja el escepticismo ante las promesas incumplidas y la incertidumbre sobre el futuro. La historia del anciano zapatero, finalmente, es un recordatorio de que la estabilidad económica no es garantía de estabilidad política, y que el camino hacia la comprensión y el diálogo es aún largo y tortuoso.